

En sus inicios, la caza de ballenas en la zona se desarrolló en la Isla Santa María gracias a la creación de una empresa de la familia Macaya, la cual se trasladó hasta la Caleta Chome el año 1954 donde construyeron la planta ballenera que dio vida a un pequeño poblado, el cual sobrevivió casi 30 años gracias a esta actividad, hasta el cierre de la empresa en 1983.
La caleta olvidada o Tizón apagado como se suele llamar a Chome, se ubica en la comuna de Hualpén a 22 kilómetros de Concepción y muy cercana al recinto Parque Pedro Del río Zañartu, la cual cuenta con una población cercana a los 127 habitantes, los que se dedican a la pesca artesanal.
La localidad costera, que antiguamente lucía grandes embarcaciones para la casa de ballenas, hoy posee los restos de la ballenera Trinidad ubicada en el fundo de los Macaya. Una hermosa y gigantesca instalación, de la cual hoy solo queda parte y es utilizada para guardar botes y redes de mariscadores del lugar, como también para arreglar las embarcaciones.
Debido a la gran importancia cultural de los restos arquitectónicos de esta caleta, muchos especialistas en antropología han pensado en recuperar estas instalaciones para fines culturales turísticos y contribuir al proyecto de santuario de la naturaleza de las llamadas Tetas del Biobio que contemplan sectores aledaños como Ramuntcho, Las escaleras y Rocoto, entre otros.
La vegetación de Hualpén es de gran interés, no sólo por ser parte de un paisaje de indudable atractivo, sino también por constituir remanentes que conservan características de la vegetación original, lo que le confiere un incalculable valor desde un punto de vista científico y educacional
Desafortunadamente, la península se ha transformado durante los últimos años en predios forestales, praderas con alto grado de erosión y muy pocas zonas ricas en biodiversidad como antaño, lo que ha deteriorado el ingreso y la flora y fauna presente en el lugar.
Residuos Balleneros
Los restos de La Ballenera Trinidad constituyen el principal atractivo de Chome. Después de contar con una enorme industria de tres niveles con gran cantidad de trabajadores y buenas ganancias, hoy la silenciosa oscuridad de sus espacios llenos de pasto y botes dejados estar constituyen la realidad actual. Solo el ruido de una manguera rota que lava un bote, es el sonido que se oye.
Los cielos rotos, la falta de ventanas y suelo, además de las oxidadas cadenas reviven el trabajo de antiguos y esforzados hombres de mar que dieron vida al lugar un par de décadas atrás.
El embarcadero, utilizado para sacar a las ballenas, hoy lleno de piedras y botes se ha desmoronado de a poco. Sin embargo, las aguas azul-turquesa adornadas de rocas y algas alegran el lugar saludando al visitante con sus potentes olas.
Pero otros habitantes que se lucen y pasean con todo su esplendor por el recinto son las gaviotas y demás aves marinas, que posadas entre los roqueríos, se pasean libremente por las cercanías, sin miedo a las personas que los observan muy de cerca.
Olas de Mar
Peligrosos y vivos sectores llenos de empinados riscos y grandes rocas se observan desde una loma, donde una animita adornada de alegres flores y una pequeña virgen esperan la venida de lugareños que recuerdan a sus familiares perdidos en el mar.
Debido a lo abierto de esta localidad costera, el viento y el bravo mar alejan las viviendas que se ubican en sectores de planicies y otras en los más altos montes, donde disfrutan de una gran panorámica frente al mar.
Sólo cercano a la antigua fábrica, unas pequeñas casuchas de madera y viejas latas guardan los artículos de pesca de los trabajadores, quiénes debido a la poca cantidad de gente que habita en Chome no cuentan con vigilancia en el lugar.
A pesar del pequeño lugar que contempla la caleta, cuenta con una escuelita básica y una iglesia, ya que debido al mal estado del camino y la calidad del mismo, hacen que durante las épocas de lluvia sea casi imposible el acceso.
Por Valentina Ortiz
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