

Casi se puede oír la melodía del piano proveniente desde el fondo de la Sala de Música, mientras Sara Braun y sus invitados, escuchan sentados en los sillones de terciopelo dispuestos estratégicamente sobre el fino parquet europeo.
Gracias al mantenimiento de la arquitectura original y de gran parte del mobiliario de antaño, no es difícil trasladarse hasta 1895, cuando la mansión de dos pisos de estilo francés se convierte en el nuevo aposento de una de las mujeres más influyentes de la región de Magallanes.
El Palacio Sara Braun, Monumento Nacional desde 1981, esconde entre sus paredes la grandeza económica de un puñado de aventureros que llegaron a ocupar Punta Arenas después que el Presidente Don José Joaquín Pérez realizara una política de colonización con inmigrantes extranjeros y decretara puerto libre a la ciudad.
La Mansión
En 1895 Punta Arenas estaba embellecida con su plaza, su cementerio, el teatro de ópera y grandes mansiones de estancieros, entre ellos la del empresario portugués José Nogueira, cuya construcción había quedado en manos de su esposa Sara Braun Hamburguer después de que éste falleciera dos años antes.
La casa fue diseñada por el arquitecto francés Numa Mayer en un terreno ubicado en la esquina norte frente a la actual Plaza Muñoz Gomero, la cual consta de una elegante fachada y un magnífico jardín de invierno de estructura metálica, donde todavía crece una parra centenaria. En el interior, en el primer piso, que aún conserva parte del alhajamiento original traído desde Francia e Inglaterra, estaba ocupado por los salones, la sala de música, el salón dorado, el gran comedor y la sala de billar; el segundo piso estaba reservado para los dormitorios y la biblioteca.
En el jardín que rodea la casa, cerrado por una artística reja, en el ángulo formado por la calle Bories y la plaza, se levanta un pequeño pabellón circular, elegante y decorativo. La ampliación que en 1906 se construye en el extremo norte de la casa y con frente a calle Bories, más sobria por la mayor simplicidad de su techumbre, se integra en perfecta armonía con el cuerpo original porque mantiene su misma altura y los elementos de sus fachadas.
El Legado de Sara
Cuando Sara Braun partió desde su tierra natal, Rusia, seguramente nunca pensó que sería dueña de la enorme la fortuna que heredó de su esposo, formando la Sociedad Ganadera y Comercial que llevó su nombre. Al ser parte de la historia económica y humana de Magallanes, también se preocupó de colaborar con el desarrollo de la región, convirtiéndose en benefactora de varias obras en la zona, como por ejemplo la fachada del cementerio general.
Sin embargo, sin descendientes directos, al momento de su muerte en 1955, toda su fortuna pasa a manos del resto de la familia, otorgándoles la mansión a sus sobrinos. Después de un par de meses, del remate de algunos muebles y la incertidumbre de su destino, el Palacio Sara Braun fue adquirido en 1956 por el Club de la Unión.
En 1992 parte de sus instalaciones son ocupadas por el Hotel José Nogueira. Con 22 habitaciones el recinto mantiene viva la arquitectura del siglo XIX y logra fusionar lo moderno con lo antiguo. En lo que antes eran los comedores principales de la casa hoy se encuentra el bar Shackleton, conservando gran parte del inmobiliario, consigue sumergirle en los años dorados de la región.
Sin embargo, donde más se logra una manifiesta sensación de bienestar es en el que fue el Jardín de Invierno, actual comedor del hotel. La estructura metálica sostiene a los grandes ventanales que trabajan como tragaluz y que junto al parrón de más de cien años consiguen una atmósfera única y confortable. El recinto también ofrece servicios como restaurante por lo que no es necesario que el visitante hospede en el hotel para convertirse en comensal. Con servicio de almuerzo y cena, el restaurante presenta convenios con varias instituciones y clubes del país. En 2004 el lugar fue escogido como la residencia temporal de su majestad el Rey de España don Juan Carlos De Borbón, en su visita a Punta Arenas. Y en Enero de 2007 la Princesa Ana de Inglaterra también se alojó en este hotel.
Pero la mansión aún esconde otro secreto entre sus instalaciones. En el piso zócalo, donde antes se encontraba la cocina, repostero y bodega, ahora se puede entrar en un divertido y conocido pub de la ciudad. La Taberna, como se denomina el lugar, abre de lunes a sábado y es desde hace mucho tiempo un centro de encuentro entre magallánicos y extranjeros que están de paso. Su variedad en bebestibles de todo tipo junto a las tablas, empanaditas, crudos y pichangas permite al visitante compartir una agradable velada sin quedar con gusto a poco. Con su estructura subterránea, de paredes de piedra y muebles de un hermoso pino oregón, el lugar adquiere un ambiente privado y acogedor.
Por Verushcka Vrsalovic
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