

Explotada durante todo el siglo XX por la minería que extrae oro y plata de sus hermosos cerros, la zona de Condoriaco permaneció durante décadas en el olvido de los turistas y por sus rutas sólo transitaron cabreros y buscadores de fortunas.
Sin embargo, el nuevo tramo del Sendero de Chile saca del olvido a una parte de la región de Coquimbo que a simple vista no parece tan destacable como el resto de sus bellezas escénicas y culturales.
Craso error que enrostra el desconocimiento que tenemos los chilenos de los atractivos ocultos de nuestra nación y que, lentamente, a medida que avanzamos por la bifurcación a Condoriaco va mostrando su enorme potencial.
Rumbo al Sendero
Cadenas de montes negros y un camino de tierra que asciende serpenteante, mientras algunos grandes camiones cruzan nuestro andar, es el paisaje durante las dos horas que se demora uno en llegar a la zona de Algarrobo-Las Lajas, un poco más al interior de Condoriaco y en dónde comienza la ruta que une, durante 35 kilómetros, dichos poblados con La Viñita.
Todos nombres nuevos pero de larga data histórica, ya que constituyeron ejes poblacionales históricos en la explotación minera del siglo pasado. Hoy son pequeños villorrios que esperan mejor suerte o que vuelvan a las faenas sobre los montes colindantes.
El sol comienza a calentar un frío amanecer al momento de arribar a Las Lajas, lugar de inicio de nuestra travesía. Viejos conocidos de Chile.com, la camaradería es evidente al momento de comenzar a subir el cerro con sus pequeños arbustos.
He ahí la primera sorpresa, la aridez evidente es parte de un rico ecosistema de plantas endémicas y en peligro de extinción. La Algarrobilla, la Varilla Mansa o el Pingo-Pingo, que están debidamente señalados con carteles.
Otra sorpresa: el Sendero está increíblemente bien hecho.
Cerro Abajo a Condoriaco
Un sinnúmero de piedras señalan la angosta ruta que traza el Sendero de Chile y que está habilitado para peatones como para ciclistas. Es una ruta para gente experimentada o con agallas ya que los cortes, tierra seca y la velocidad que se toma en algunos descensos puede provocar caídas más que dolorosas.
Pero ya está visto en la historia de la humanidad, sólo el atrevimiento y la experimentación permiten el conocimiento más profundo de uno mismo y el universo circundante. Sin tanta filosofía nos lanzamos al pedaleo junto a Iván de Ciclontour y Raúl de Lancuyén.
La ruta se abre sobre los montes, algunos burros cercanos son los únicos testigos de nuestro viaje, mientras el sol comienza a pegar muy fuerte. Dos pequeñas caídas en unas curvas marcan mi derrotero, es obligación estar 100% atento y con las manos prestas a apretar los frenos.
En menos de media hora llegamos a Condoriaco.
Pueblo Casi Fantasma
Un pimiento grandote que enfrenta a la iglesia y escuela de Condoriaco es el lugar ideal para descansar y analizar el siguiente trayecto de la ruta. Parada obligada y visita de la pequeña calle que es, hoy por hoy, Condoriaco.
"Vertiente dónde bebe el cóndor", eso significa esta palabra de origen Cunza o Atacameño. Hoy no hay muchas aves y sólo conviven en sus pequeñas faenas mineras una decena de personas. Construcciones de adobe y pocos paisanos que ven la vida correr tranquila. Demasiado tranquila.
De un pasado esplendor, Condoriaco fue parte de un circuito minero que explotó minerales durante la primera parte del siglo XX. Posteriormente las minas cerraron y se fueron a otras zonas quedando al desamparo y siendo el único testigo de esa época la antigua pulpería que aún se conserva, claro que sin alimentos.
Nos dice la gente de ahí, que el cerro colindante será, dentro de poco, una nueva mina.
Hacia La Viñita
Seguimos ruta. Esta vez, nos dice Iván, serán un par de horas de camino. El calor arrecia cuando se está bajo el sol y eso se hace sentir en una empinada subida que obliga a bajarnos de las bicis.
Resoplidos y suspiros marcan esta parte hasta llegar a un mirador bien preparado con una pequeña sombra de coligues. Unos minutos después vamos cabeza abajo por el Sendero que se interna en la inmensa hermosura de la precordillera andina.
La concentración y los antebrazos sufren por el constante zarandeo del camino, una ruta "técnica" dirían los que saben de downhill. Curvas cerradas, pozos de arena y la deshidratación podrían jugar en contra, sin embargo avanzamos veloces.
En la mitad de la segunda parte del descenso, nos encontramos con unas pequeñas casas donde regentan burros y caballos. No hay nada en el hogar de Doña María, de hecho, ni ella está, pero si uno puede visualizar la forma de vivir de los cabreros que hacen "patria" en la inmensidad de la naturaleza. Sin vecinos, sin urbes, nada.
Seguimos bajando, las colinas se muestran generosas en colores y desnivel. Uno siente esa libertad, agradecimiento y velocidad que otorga la bicicleta a campo traviesa. Esa cosa de jugarse el pellejo, andar por dónde poco gente pasó o el compañerismo de quienes practican la misma disciplina. Y más que eso: agradecer a los hombres y mujeres anónimos que han hecho de Chile un país desconocido hecho para recorrerlo a pie, en auto o en bici cerro abajo.
Texto y Fotos: Jorge López Orozco (periodistaviajero@chile.com)
Datos Útiles
+ Para realizar esta travesía es necesario contactarse con Turismo Lancuyén. info@turismolancuyen.cl Tel: 56/51/214744 (Chile) B. O'Higgins #336 La Serena, Chile.
+ Video del circuito: http://www.youtube.com/watch?v=aqkQDlTtIss
+ Ciclontour: http://www.ciclontour.tk/
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